sábado, 22 de noviembre de 2025

Apuesta

 

Mira la semilla en la palma de su mano.

Tiene una figura geométricamente indefinida. Brilla.

Se pregunta si crecerá,

si será capaz de darle lo necesario.


La entierra con suavidad y firmeza.

No sabe si la distancia es la correcta

si la luz alcanzará

si la humedad será propicia para que ocurra el milagro.


Cree. Mientras, cuenta los minutos, las horas.

Siempre tuvo que usar los dedos para contar,

hay algo en ese vaivén del dedo que se hace número al tacto, 

que es como mecerse.


La vida sigue todo ese tiempo de incertidumbre y misterio

haciendo como si.

Debajo de la negra tierra, algo está ocurriendo.

Por encima de ella, alguien espera, observa, riega.


El sol sale y se pone en días consecutivos, sucesivamente.

En medio, la lluvia empaña los vidrios,

la música invade silencios y rincones,

acaricia, recorre el aire. 


Cómo se hace para tener paciencia, pregunta, 

y descubre en ese acto que todavía no aprendió.

La paciencia es un trabajo sin horarios ni instrucciones, se dice.

Una tarea ardua, sin patrones, de pasos constantes.


Pronto advierte que esa pregunta estaba mal,

que la verdadera, la adecuada, es otra.

Una más elemental, la raíz que lleva al impulso vital.

Una o dos. Por qué. Para qué. Causa, fin, razón. Testarudo deseo.


Un brote asoma anunciando que este es el tiempo y su hora. 

Ahora, ella lo cuida. El nacimiento de esta minúscula hoja es el inicio que se ve,

pero antes fueron necesarios muchos otros principios para alcanzar ese fin, 

esa sensación de esperanza infinita, potente, la de la vida por hacer. 


1 comentario:

  1. Cuánto talento!!! Me encantó. Fueron necesarios muchos otros principios para alcanzar ese fin 🥹.

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